Chilenos que apoyan la campaña mar para Bolivia denuncian que son castigados por su propio Estado

Por Coco Cuba, Santiago, CHILE, 11 mar (ABI).- Los chilenos y sudamericanos radicados en Chile que han abrazado, por razones políticas e ideológicas y también de empatía social, la causa marítima de Bolivia, no tienen un buen pasar, necesariamente, en este país trasandino desde que se desató la demanda marítima boliviana en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de Haya, en 2013, y también antes de esa fecha.

    Bolivia adhirió las simpatías y solidaridad de organizaciones sociales de Chile que en 2006, durante la primera investidura de la presidente Michelle Bachelet, fueron a gritar, de manera inédita, “mar para Bolivia” en el mismísimo Santiago.

    El presidente indígena de Bolivia, Evo Morales, ha escuchado, en la mayor parte de sus incursiones protocolares en Chile en los últimos 12 años, reiteradas veces ese slogan.

    Los promotores de tales manifestaciones son, entre otras, la probolivariana y prolatinoamericanista Casa Bolívar, el Centro Cultural Salvador Allende y el partidista Frente Amplio.

    Sus líderes se han expuesto al rigor del Estado chileno que, como el caso del profesor chileno, Alfonso Ozzandón, que repartió el libro de mar boliviano entre sus alumnos, se halla desempleado.

    “Alfonso está en la inopia (pobreza), vive de ser guía turístico, de leer el tarot en la calle.
A veces, de vez en cuando, pasa mucho tiempo (para que ello suceda) alguien, en la radio, se acuerda y le invita. Está unas 6 semanas y luego le bajan el programa”, deploró el activista Gregorio Mondaca, del Centro Cultural Salvador Allende, entrevistado por la ABI.

    Ozzandón pertenece a la Casa Bolívar, en la mira del Estado chileno desde que Bolivia llevó a Chile a los estrados internacionales de La Haya.

    Mondaca, que lamenta el momento que atraviesa Alfonso Ozzandón, vive de la venta al menudeo de frutos secos y de trabajos de imprenta a destajo que se procura en las calles de Santiago.

    “Soy un trabajador por cuenta propia; vendo mi fuerza de trabajo, mi inteligencia. Trabajo en el sector gráfico o vendo cualquier cosa, como frutos secos; vendo damasco turco, pero yo le puse damasco sirio”, lo más probable para reivindicar el conflicto armado que enfrenta Damasco hace 5 años con fuerzas irregulares armadas financiadas por poderes supranacionales, entre otras el terrorista Estado Islámico, se regodea.

    Como el 70% de los proletarios chilenos, que según Mondaca tienen “en alguna parte 110.000 ó 110.000 millones de dólares, para el beneficio de los ricos”, barajados por las privadas Administradoras de Fondos Pensiones, un dolor de cabeza para La Moneda hace 20 años, este chileno de 50 años dice que, dado el estado de cosas, no le queda otra que trabajar hasta el último de sus días para subsistir.

    “Yo me voy a morir trabajando de alguna forma. Un 70% de los trabajadores estamos en condiciones de precarización”, lamenta este activista chileno que se define como “un “militante rojo”, un latinoamericanista, como allendista”.

    Mondaca afirma que debe su solidaridad con la causa marítima de Bolivia, además de sus convicciones de ideológico políticas, al amparo que brindó la Bolivia de finales del siglo XIX a uno de sus abuelos, un luchador de la revolución decimonónica unificadora de Italia, liderada por el piamontés Giuseppe Garibaldi (1807-1882), importado por Chile como instructor militar a comienzos de la década de los 80 de los 1800, que se alzó contra el gobierno de finales del siglo XIX, del presidente chileno Federico Errázuriz Echaurren.

    Tras su estada en Bolivia, el abuelo de Mondaca fue fusilado en Chile al fracasar la revolución nacionalista que intentó prender el presidente chileno Manuel Balmaceda a finales de ese siglo.

    Otro de los casos es el que patenta el uruguayo Roberto Stirling, del Frente Amplio, un latinoamericanista que se avino, por convicciones de clase, a la causa marítima boliviana.

    “Es un desafío (apoyar a Bolivia). Yo salgo de mi casa y tengo el temor que ciertos grupos nazis que están agrediendo al pensamiento progresista   de la gente se metan en mi casa, y yo soy uruguayo. Tenemos que tener precauciones porque es cierto que hay una derecha” dominante en Chile, admite.

     Stirling cree sin embargo que las nuevas generaciones de chilenos prestarán más oídos al histórico reclamo marítimo boliviano.

     “Estamos sembrando en los jóvenes en las nuevas generaciones. Hay una realidad en donde toda esta estructura militar y nacionalismo chileno generado por un sentimiento, medio como pasado, de que “esto se lo ganamos en una guerra” y estamos en el siglo XXI. Estas generaciones jóvenes van a darle una respuesta a esta integración que necesitamos en el continente”, está convencido.

    Por último Juan Cuevas, de la Unión Bicentenario, que agrupa a 4.000 organizaciones sociales, estudiantiles, sindicatos y de trabajadores chilenos, es el que mejor parece que pasa los días en el país que lo acunó hace más de 6 décadas.

    “Estoy jubilado pero soy dirigente sindical y trabajo. A mí nadie me persigue, aunque represente la  UDI, Renovación Nacional (partidos en el poder en Chile), la prensa, los fascistas”, afirma este dirigente social que asegura que  “hay 7 tipos de gentes imperiales que son dueños del mar (chileno, 4.000 km de litoral) y de sus riquezas”.

    “Estamos por mar para Bolivia con soberanía. Pensamos que Chile no ha respondido a los compromisos que ha adquirido. Este no es un tema de que el pueblo, el Estado (bolivianos) o Evo esté pidiendo, el lo que está planteando derechamente, de que nosotros respondamos a lo que nosotros ofrecimos”, resuelve.

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