Horticultores bolivianos en La Plata trabajan duro y reciben poco: intermediarios les pagan $ 15 el cajón de verduras y lo venden en $ 100

EL DIA, LA PLATA.- La comunidad boliviana busca afrontar con éxito la sequía que afecta al cordón hortícola local de La Plata.

SALVADOR VIDES, PRODUCTOR BOLIVIANO, ASEGURA QUE “SIEMPRE SE TRABAJA ANTE CUALQUIER CRISIS”/ CESAR SANTORO

POR MONICA PEREZ.- Desde esqueletos de maderas podridas por el agua y el sol, los jirones de plásticos se agitan como sonajeros; abajo de lo que fueron invernáculos solo queda maleza y alguna que otra verdura que sobrevivió en medio del yuyal. A poco mas de un año del terrible temporal de viento que arrasó con gran parte del cordón hortícola, como manchones verdes la producción resiste a la intemperie de una manera originaria. “Siempre vamos a producir, ante cualquier crisis nunca miramos para atrás, nosotros escapamos para adelante, por eso el sector goza de buena salud”, resume Salvador Vides, uno de los 40 mil bolivianos que vive en La Plata y pone en movimiento ese importante polo económico de la Región.

Para los quinteros, viento, granizo o sequía son como una fiera a la que hay que domar, la tierra no les da tiempo para lamentos; por eso nada paraliza la producción, algo de lo que da fe Elías Amador, un boliviano de 32 años que trabaja en una quinta de Los Hornos desde los 9, cuando llegó de Tarija.

 

PARA ELÍAS AMADOR “LA TIERRA NO DA TIEMPO PARA LAMENTOS”/ EL DÍA

En el establecimiento de cinco hectáreas en el que produce junto a sus padres y hermanos, recorre a paso lento los senderos que limitan las plantaciones de pimientos, zapallos, alcauciles y se detiene frente a las plantas de Kale, una hortaliza de origen asiático que, según dice, tiene mas calcio que la leche y está de moda en los restaurantes más selectos.

Hay muchos compatriotas que se van porque Bolivia está más estable”

 

RAMIRO ARGANDOÑA CUELLAR

Ramiro Argandoña Cuellar
Vicecónsul de Bolivia en La Plata

 

“Acá arrancamos a las 4 de la mañana para aprovechar el fresco y el domingo es el día que mas se trabaja porque preparamos las verduras para el lunes”, dice.

Casi sin treguas, los quinteros están todo el día encorvados sobre la tierra porque, si bien paran a comer eso de las 11, tres horas después vuelven a “laburar”, curan las plantas de los bichos malos, pero dejan los que son beneficiosos, ponen a germinar las semillas o alistan los cajones para la cosecha.

A Elías y su familia el temporal del año pasado les dejó invernáculos inutilizables, pero los enfrentó al desafío de tener que producir a campo abierto con la alternativa de salir del monocultivo para tener mas chances.

Tienen remolacha, acelga, puerros, lechuga, repollitos de brucelas y alcauciles, entre otras verduras, y además de esa variedad de productos para llevar al Mercado, están satisfechos porque ahora no salen como antes a pedir a sus paisanos lo que ellos no cosechaban y hasta afirman que aprendieron a comer otras verduras.

Otro de los logros que los tranquiliza es llevar adelante las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), técnicas aplicables a la producción de alimentos que aseguran el cuidado de la higiene, la salud humana y el medio ambiente.

“Nosotros producimos alimentos por la gente y también por nuestra salud no queremos usar venenos; además en la familia tenemos el caso de un pariente que se enfermó mucho por eso”, cuenta Elías.

En el engranaje productivo, el sistema cierra cuando cada mañana un camión pasa a buscar las verduras; lo que no siempre cierran son los números porque en el camino del establecimiento hortícola a la verdulería hay precios que se multiplican para el consumidor sin que los productores reciban lo equivalente a su esfuerzo.

En su mayoría los quinteros entregan su producción sin saber a ciencia cierta cuánto recibirán porque no son ellos los que fijan los precios, además se trabaja a consignación.

“Uno asume el riesgo de que con el calor hay semillas que se pudren o el costo de la luz por el mayor riego, por ejemplo este mes pagamos 5 mil pesos”, dice el productor para graficar que no todo es plantar y cosechar.

En Olmos, Salvador Vides también da fe de que es enorme la brecha entre lo que ganan el productor y el verdulero y asegura que el Estado es el gran ausente por falta de planificación.

“El Estado nunca advirtió la desigualdad entre los productores y los intermediarios, debería estar mas presente para regular incluso las necesidades de producción o hacer una compra directa por ejemplo para los comedores de las escuelas o los hospitales; nos dicen que son malos pagadores como si nosotros fuéramos especuladores cuando estamos acostumbrados a esperar meses hasta que de una semilla sale una planta”, afirma con pausada resignación.

Salvador – 48 – hace 20 años que arrenda un campo en La Plata, acá nacieron algunos de sus hijos y un nieto que el viernes cumplió 5 años; su deseo es que alguna vez las políticas oficiales visibilicen al sector, que les permitan acceder a la compra de las tierras y que no solo les den préstamos “a quienes pueden demostrar que no necesitan el dinero”.

“Lo que el viento se llevó en 2017 no podemos recuperarlo, sale unos 100 mil pesos hacer un invernáculo, pero cultivamos al aire libre y miramos para adelante”, concluye.

Desde las oficinas de calle 44, Ramiro Lionel Argandoña Cuellar, titular del Viceconsulado de Bolivia, sabe que sus paisanos ganan muy poco en el campo porque un cajón de verduras que en el Mercado se vende a 100 pesos a ellos les deja 15 pesos.

LÓGICA DEL MERCADO

“La lógica pura del mercado define sus propias leyes y los costos actuales son muy altos, incluso muchos compatriotas empiezan a irse porque Bolivia está mas estable, por ejemplo el dólar tiene el mismo valor desde 2005 y cambió la condición de vida; además acá muchos alcanzaron una experiencia alta en las técnicas del cultivo, el problema es que Tarija – la ciudad boliviana de donde proviene la mayoría de los quinteros – sufre desertificación”, analiza el vicecónsul, encargado de brindar asistencia en cuestiones diplomáticas y de documentación.

En la región, el 80 por ciento de sus compatriotas se dedican a tareas hortícolas, Argandoña Cuellar se niega a creer que la cifra de inmigrantes de ese país en esta zona sea de 30 mil como reflejan los datos oficiales. Se cree que en la provincia de Buenos Aires viven un millón de bolivianos que además de ganarse la vida en el campo trabajan como albañiles calificados y en talleres de costura.

El funcionario sabe que la mayoría de esos inmigrantes subsiste con lo mínimo, en parte por una cuestión cultural, pero se trabaja para que mejoren sus condiciones de vida y accedan a la vivienda digna, incluso se trabaja en un proyecto de casa construida con paneles desmontables para que los medieros puedan trasladarla cuando se van de los campos que los contratan. También se impulsan acciones con los profesionales del INTA para promover la agricultura ecológica.

80

Por ciento de los bolivianos que residen en La Plata se dedican a la producción hortícola. Prácticamente dominan el sector ya que a la producción le sumaron los puntos de venta. En nuestra ciudad hay cerca de 40.000 bolivianos, según estimaciones oficiales.

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