Ciudad de México, 2 de abril (SinEmbargo).– La política de erradicación de la pobreza de Ecuador, Perú y Bolivia ha estado lejos de una política social enfocada en los programas sociales. Los tres países en los últimos 20 años han experimentado una reducción significativa en los niveles de pobreza de su población a pesar de ser consideradas economías más pequeñas en comparación con México, país en el que tanto su población en esta condición como la desigualdad, año con año van en aumento.

En el marco del Foro Internacional “¿Por qué persisten la pobreza y la desigualdad en México?” realizado esta semana en la Universidad Iberoamericana Puebla, académicos y ex funcionarios de esas naciones coincidieron en que la pobreza se puede combatir con mejores políticas fiscales, más redistributiva, haciendo un uso efectivo de los recursos naturales que se poseen y atendiendo a la población que buscaba abandonar el país para trabajar en otro lado.

Estas tres naciones son algunas de las que tuvieron una reducción de la pobreza de entre 26 y 36 por ciento.

Por Perú, Hugo Ñopo, investigador principal del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), comentó que ahora uno de cada dos peruanos vive en un hogar con una reducción notable de la pobreza.

Las causas son varias. Se trató de un periodo con mucha migración y entonces se decidió concentrarse en los mercados de trabajo.

En el caso de Bolivia, George Gray Molina, economista principal de la Dirección Regional de América Latina y el Caribe (PNUD), dijo que la reducción de la pobreza entre 2005 y 2013, fue de 29 por ciento en ese país, debido a un “boom” económico por la exportación de gas y el Estado lo dirigió a la comunidad a través de políticas sociales con la nacionalización. Luego, a través del sector privado se creó empleo.

Sin embargo, de 2014 a 2017, detectaron una ralentización de la pobreza. En 2015 hubo un aumento de esta condición en la zona urbana y una reducción en la rural, lo que le mostró al Gobierno que el techo de la pobreza es frágil.

Por esa razón, la atención de la política se enfoca en los procesos que hay detrás de la salida de la pobreza y en qué radica no recaer.

Leonardo Arízaga Schmegel, Embajador de la República del Ecuador, habló de su Nación como una que vive en revolución; que a finales de los años 90 quebró y que en diez años tuvo siete gobiernos.

Esas crisis orillaron a 1 millón y medio de ecuatorianos (de una población total de 16 millones) a salir del país.

Explicó que con el Gobierno de Rafael Correa se decidió trabajar en una propuesta de consolidación en la que se tomó en cuenta a sindicatos, indígenas, discapacitados, gente de la tercera edad y a mujeres.

También se renegoció la deuda externa, los contratos petroleros y se profundizó la recaudación tributaria, lo que significó obtener decenas de miles de millones de dólares en recaudación, en vez de pagar millones de deuda externa y en política social.

“A fines de los años 90 nos llevó a la quiebra que los grandes empresarios eran dueños de los medios de comunicación y de la banca. Se prestaban a ellos mismos y no informaban. Además, los partidos no podían gobernar por el bien común, ninguno y ninguno terminó su mandato. En la reforma constitucional se prohibió que los empresarios sean dueños de medios y de bancos y mejoramos la eficiencia en la administración pública: no es la falta de recursos, sino la gestión del gobierno”, afirmó.

Su país se puso como objetivos principales la reducción de la pobreza y la transformación del sector estratégico y productivo.

A nivel internacional recalcó que nuestra región es la más desigual del mundo y ese es el gran reto: “Hace 10 años, el 10 por ciento más rico ganaba 42 veces más. Hoy ganan 22 veces más. Sigue siendo una barbaridad, pero es la mitad de lo que era hace 10 años. En cinco años se puede sacar a 70 millones de la pobreza sólo si la región se pone como primer objetivo erradicarla”.

En el caso de Perú, Hugo Ñopo compartió que a pesar de que hubo dos gobiernos distintos en el periodo en el que la pobreza disminuyó, lo que funcionó fue que uno apostó por el crecimiento y el segundo por la redistribución.

“En los cinco primeros años, casi el 100 por ciento de la reducción fue por el crecimiento y en los siguientes años, la distribución cobró más y más importancia. El gobierno creó un Ministerio de Desarrollo y eso apuntó hacia la heterogeneidad. Entonces la reducción de la pobreza fue de 50 a 30 por ciento, la parte más fácil. En la segunda mitad pasó de 30 20 por ciento, que es la que estamos hoy”, sostuvo.

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UN CONSEJO PARA MÉXICO

El representante de Ecuador dijo que los mexicanos tienen que identificar sus propios problemas, estudiar y escoger su propia ruta de desarrollo para erradicar la pobreza, la inseguridad y la corrupción, y aguantar los cambios que generan enormes resistencias.

Para lograrlo, continuó, se necesita un plan de desarrollo, gente preparada y un fuerte liderazgo.

“Nosotros estamos concientes de que se debe trabajar así, no dejamos que el mercado nos controle. Es importante consensuar. A final del día los gobiernos deben gobernar. No hacer lo que piden las ONG o los medios de comunicación”, indicó.

Ecuador optó por planificar adecuadamente, eliminó el outsourcing y todos los que trabajan en una industria son parte de la empresa.

El Embajador admitió que “hubo lloriqueo” por los aumentos en el costo de producción pero al final todos aceptaron. Entonces cientos de miles de trabajadores que no tenían seguridad laboral y salarios muy bajos, se incorporaron al sistema laboral.

“Ninguna empresa puede declarar utilidad hasta que el 100 por ciento de sus trabajadores tenga acceso a la canasta básica. En Ecuador se tiene el salario mínimo más alto de la región y ninguna empresa declara utilidad hasta que cada trabajador tenga lo que necesita para vivir. Hace 10 años, sólo el 44 por ciento podía acceder; hoy, el 99 por ciento. Fue una decisión política y la clave es planificar”, finalizó.