La niña chipaya que fue actriz de Vuelve Sebastiana (1953), es Premio Nacional de Gestión Cultural Bolivia 2016

Ministerio de Culturas y Turismo.- Sebastiana Kespi y la poetisa-compositora boliviana, Matilde Casazola, por unanimidad del jurado calificador, fueron elegidas para los Premios de Gestión Cultural “Gunnar Mendoza” y el Na­cional de Culturas 2016, respectivamente.

Este martes, desde las 08:30 se desarrolló la reunión de evaluación del jurado calificador conformada por los representantes de los nueve Consejos Departamentales, llegando por unanimidad a la selección de dos grandes representantes en el sector cultural.

Sdenka Fuentes, del Consejo Departamental de Cochabamba, en calidad de Presidenta del Jurado indicó que se recibieron 12 postulaciones, de los cuales 8 para el Premio Nacional de Culturas y 4 para Gestión Cultural.

Premio Gestión Cultural – 2016

Sebastiana Kespi fue postulada al premio Gestión Cultural “Gunnar Mendoza”, de acuerdo al jurado obtuvo el premio, en reconocimiento a su trabajo, y la revalorización de su cultura uru-chipaya.

“Se le confiere el premio en consideración al artículo 4, numeral 16 de la Ley Nacional Nº 530 del Patrimonio Cultural Boliviano, por considerarla Tesoro Humano viviente, obteniendo el 100 por ciento de votos”, indica el Acta del Jurado.

Sebastiana Kespi, actriz boliviana, fue postulada por el Centro de Formación y Realización Cinematográfica (Cefrec).

Premio Nacional de  Culturas – 2016

El Premio Nacional de Culturas recae en la persona de la poetisa y compositora Matilde Casazola, obteniendo el 100% de la puntuación alcanzada, en virtud a su amplia trayectoria y el apoyo recibido de diferentes sectores e instituciones evidenciadas en su postulación. Casazola fue postulada por la Organización Indígena Chiquitano – Chuquisaca.

“Dos mujeres que representan a la cultura urbana y rural como Matilde Casazola y Sebastiana Kespi”, dijo el viceministro de Interculturalidad, Jhonny Tola luego de manifestar que desde el Ministerio se cumplió con esta actividad que se desarrolla anualmente.

La niña de 73 años, Sebastiana

FUENTE: BLOG: http://gumucio.blogspot.com.ar/2015/06/la-nina-de-73-anos-sebastiana.html
Hago hincapié en esto porque ella me lo dijo varias veces durante nuestra conversación. En pocas palabras expresa lo obvio, lo que tantas veces le han preguntado: su participación, cuando era una niña de diez años, en la emblemática película de Jorge Ruiz: Vuelve Sebastiana. Los recuerdos de esa experiencia que tuvo hace 63 años son escasos, o quizás le da pereza volver a repetir las mismas cosas.Volvió Sebastiana, la tuvimos unos días en La Paz y pudimos conversar con ella. Llegó porque la vida es dura y a veces un homenaje tardío puede traducirse en algo de dinero para alimentarse durante unos meses. Le han hecho homenajes antes, pero este era con una medalla, que ella sostenía entre sus manos un tanto extrañada, quizás preguntándose cual era el valor real, no el simbólico, de ese objeto circular, dorado y pesado. A sus 74 años (nació en 1942), poco les están importando los honores, pero sí los recursos para mantenerse. Simplemente lo necesario para no pasar penurias, que allá en su comunidad chipaya pasa con frecuencia, sobre todo cuando las ovejas no tienen ya donde pastar.


No recuerda sino tres momentos de la filmación: las escenas donde estaba pastoreando ovejas, aquellas que se filmaron en Sabaya, y luego la escena de la muerte del abuelo que se aventura en el altiplano para buscarla. Cuando le pregunto sobre la muerte del abuelo, me dice que lloró de verdad, no fingió. “De verdad he llorado, pues”.  ¿Por qué? le pregunto. “Porque se ha muerto”, responde. Pero si no ha muerto de verdad, insisto. “Igual he llorado. Vas a llorar me han dicho, entonces he llorado”.“Me prestó el maestro, por mis buenas notas”, dice, como si en aquel tiempo todo lo que tenía que hacer era obedecer. No recuerda cuanto duró la filmación “una semana, dos semanas ¿o un mes será?”. Todo eso que importa tanto a los cinéfilos, a ella la tiene sin cuidado. Si viene a La Paz es con la esperanza de regresar a su comunidad con algo de dinero contante y sonante, no con  bellas palabras.

La vida de Sebastiana no es glamorosa, aunque a nosotros nos parezca glamoroso tenerla en La Paz, en el escenario de la Cinemateca o de la Asamblea Plurinacional donde por iniciativa del diputado Santos Paredes de la Comisión de Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos, Cultura e Interculturalidad de la Cámara Baja, se la ha homenajeado con la medalla.


Ahora regresó a La Paz con su única hija mujer. Además tiene un hijo varón y diez nietos. Dos de ellos viven en Antofagasta, a donde ha ido a visitarlos varias veces. De allá trae algo de dinero para comprar arroz en Oruro.Sebastiana no había visto una película en su vida, cuando filmó una como actriz a los diez años de edad. La primera vez que estuvo en un cine fue tres años más tarde y curiosamente no fue para ver Vuelve Sebastiana, sino otra película que no recuerda.

Vive de las 25 ovejas que tiene: “Yo sigo pastoreando, llorando, llorando”, dice. Hace queso de la leche de las ovejas, pero en marzo la tierra se seca y las ovejas ya no dan leche. Los meses buenos son de junio a febrero, cuando llueve. Luego las ovejas se secan.

Jorge Ruiz, con quien conversé tantas veces, me decía: “En toda mi carrera de cineasta, sólo he hecho, unas cuatro películas de mi propia voluntad, todas las demás han sido encargos”. Entre ese puñado de películas propias, Ruiz citaba Vuelve Sebastiana considerada por muchos su obra más importante.


Ruiz era joven, tenía todavía el impulso de juventud que lo animaba a hacer cine escogiendo sus propios temas, preocupándose por el contenido, por la estructura, por lo que representaba como búsqueda y como descubrimiento en un país que había que revelar porque la gente de la ciudad no lo conocía, más bien lo ignoraba. Ruiz pasó de sus balbuceos iniciales, a una obra mayor, el film social- antropológico que crearía un nuevo referente para el cine boliviano.“Bolivia Films” financió esta película de 31 minutos, realizada sobre un guión de Ramiro Beltrán, y con el asesoramiento de Jean Vellard, con quién Ruiz había trabajado antes en la película Los UrusVuelve Sebastiana es también resultado de esa primera experiencia de cine en una de las más antiguas comunidades de América Latina. Augusto Roca colaboró con Ruiz en la fotografía en color, y una vez terminado el montaje se añadió la música de Jorge Eduardo, de los Hermanos Aramayo y de Nicolás García, además de un comentario leído por Eduardo Lafaye y Armando Silva.  El film no existiría sin Sebastiana Kespi, la niña chipaya protagonista, y sin Esteban Lupi, Paulino Lupi, Irene Lázaro y otros miembros de la comunidad chipaya.

El estilo de filmación es el de un film etnológico que centra su atención en una comunidad chipaya, mostrando su habitat, su organización familiar y sus costumbres sociales. Esta “penetración” a través del cine fue posible gracias a la sencillez de medios cinematográficos que utilizó Ruiz, a la manera de los pioneros del cine directo. Ruiz llegó a Santa Ana de Chipaya con Augusto Roca y el chofer que los conducía, nadie más. Cuenta que “no se podía filmar así nomás, había que vivir un tiempo allí, hablar solamente aimara, sacar poco a poco la cámara para pasearla por la comunidad, pero sin filmar”. Todo esto hasta lograr un clima de confianza, período que además servía para recolectar información adicional, historias que los chipaya transmitían oralmente. Luego, la filmación se hizo en apenas una semana.

Durante la proyección de la película Sebastiana se mantiene atenta, con la vista fija en la pantalla. Al finalizar le pregunto qué impresión tiene ahora al ver de nuevo la cinta, y me responde: “Ahí vive mi papá, ahí vive mi mamá, por eso estoy llorando”. Sus padres viven todavía en la pantalla.  Para ella, eso es magia.

Sebastiana retoma el hilo de la conversación que más le interesa. “Algunos me dicen, usted tendría que tener sueldo, por qué no tiene sueldo”.  Es difícil responderle.  “No tengo sueldo, quiero morir”, me dice, pero riéndose.

 

 

PATRIMONIO EN MEMORIA AL MUNDO EN LA UNESCO MOWLAC  2013
Sinopsis 
Cortometraje semidocumental que retrata el diario vivir de una comunidad asentada en Carangas Oruro, la etnia antiquísima llamada Chipaya desendientes de la tribu de los Chulpas. Sebastiana Kespi es la protagonista principal de la historia, es una niña pastora cuya curiosidad le lleva a salir de su comunidad y adentrarse en el pueblo vecino, el mundo prohibido y desconocido de los aymaras, un pueblo que antes los había sometido al aislamiento. En el hostil pueblo al pie del Tata Sabaya conoce a Jesús un niño Aymara con el que entabla amistad. Pena y temor en el pueblo por que Sebastiana no ha vuelto, su abuelo Esteban la busca e intenta convencerla, a través de relatos de la vida del pueblo años atras cuando todo era próspero, de volver al pueblo; cuando el padre de Sebastiana vivia aún.
 
Producto del esfuerzo, al retorno, el abuelo cae enfermo y agonizando pide a su nieta dejarlo en el camino y regresar a la comunidad, al regresar la niña al pueblo, busca ayuda para traer al anciano pero cae abatido por el esfuerzo del rescate. El film tiene como epílogo el ritual del entierro del viejo, el abuelo ha vuelto al seno de la madre tierra.
Vuelve Sebastiana gana en 1956 el Primer Premio del Festival de Cine de la Alcaldía Municipal de La Paz el mismo año gana el premio en el II Festival Internacional de Cine Documental y experimental del S.O.D.R.E. en Montevideo – Uruguay. Vuelve Sebastiana es el primer film boliviano en obtener un premio internacional en la categoría Film Etnográfico – Folklórico. 
 
Ficha Técnica : 
Tipo : Medio metraje blanco y negro
Producción : Instituto Indigenista de Bolivia,  Ministerio de Asuntos Campesinos, Bolivia Films 
Directores : Jorge Ruiz y Augusto Roca 
Argumento y narración : Luís Ramiro Beltran 
Asesoramiento : Prof. Jean Vellard 
Narradores : Eduardo Lafaye y Armando Silva Fotografía : Jorge Ruiz y Augusto Roca 
Música : Jorge Eduardo, Hermanos Aramayo Martinez, Nicolás Garcia
 
Reparto :
Sebastiana Kespi Esteban Lupi Paulino Lupi Irene Lazaro Miembros de la Comunidad Chipaya
Año Estreno : 1953
 
«Vuelve Sebastiana, su obra fundamental, fue concebida como una película antropológica, sobre todo por la presencia del investigador francés Jean Vellard que asesoró a los jóvenes cineastas. Su realización tiene que ver, en su concepción y en su tratamiento, con Los Urus (1951), uno de los pueblos más aislados e interesantes culturalmente de la zona altiplánica.
(…) Ruiz trabajó todo el filme con una gran sensibilidad, y su estructura simple es totalmente poético. Algunos encuadres tienen paralelismo con la obra de Einsenstein en México, sin pretender por ello analogías conscientes imposibles precisamente en el caso del Viva México del maestro soviético. Fue una de las primeras experiencias de Ruiz y Roca con el color, del que extrajeron el vigor de los grandes contrastes entre el ocre y el azul, los dos colores dominantes en un altiplano seco y cielo intenso.
El texto de la película posibilita un quiebra (discutible) entre la imagen y el mensaje, un por su ingenuidad y un mucho por su visión occidental del problema. La voz de los chipayas es la propia imagen del filme, su reelaboración idealista es producto de las voces en off. A pesar de ello Vuelve Sebastiana es un gran documental, clave del cine boliviano que se ha tomado (a excepción de Sanjinés) con poco interés el modelo que Grierson encontró en nuestro cine y al que criticó después de ver la gran cantidad de material que había producido el ICB con otros parámetros.
Vuelve Sebastiana demostraba ya una nueva visión de las relaciones sociales en Bolivia, una nueva visión sobre la necesidad de encarar con profundidad una realidad conocida epidérmicamente. Su tema tradujo con madurez una complejidad que va más allá de la especificidad del pueblo chipaya, y ése es otro de sus valores importantes. (Carlos D.Mesa)
*Extractado del libro La aventura del cine boliviano.

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